Voy a ser igual que vosotros:

el trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, el equipo de compact disc y el abrelatas eléctrico, buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolaje, teleconcursos, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de 9 a 5, jugar bien al golf, lavar el coche, jerséis elegantes, navidades en familia, planes de pensiones, desgravación fiscal… ir tirando mirando hacia adelante hasta el día en que la palmes.

Renton en Trainspotting


Una vieja pregunta paradójica sobre autorreferencia

Las palabras autológicas o autorreferentes son aquellas que se aplican a sí mismas, aquellas cuyo significado hace referencia también al propio término.

Por ejemplo: esdrújulo es un término autorreferente, ya que además de hacer referencia a las demás palabras con la sílaba tónica situada en antepenúltimo lugar, hace referencia a sí mismo.

Por contra, reciben el nombre de heterológicas o heterorreferentes aquellas que no poseen la propiedad que el término expresa. Por ejemplo: monosilábico es un término heterológico, ya que él mismo no es monosilábico.

¿Heterológico es un término autorreferente o heterorreferente?


El sueño o la locura de Babbage

Volvemos al pasado después de nuestras incursiones en la computación ubicua (I y II). Nos situamos en la Inglaterra del siglo XIX. El Imperio Británico, al igual que las otras grandes potencias marítimas de la época, era un gran consumidor de tablas numéricas para la navegación, pero los errores tipográficos y los inevitables de los calculadores humanos provocaban incluso naufragios.

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Pentavocálicas

De la extinta lista Snark, una aportación de Emilio Martín (Alicante):

Lucía Echevarría, la famosa escritora, tuvo un desliz en una entrevista y dijo que murciélago era la única palabra en castellano, que contenía las 5 vocales. El Señor José Fernando Blanco Sánchez, envió esta carta a un periódico, dando un repaso a la escritora:

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¿Redundancia o casualidad?

Percibimos la redundancia como casualidad solo porque la mente ha captado dos o mas veces el mismo objeto de forma consciente en el momento en que nuestra atención estaba en disposición de hacerlo.

Cita extraída de Con Anuncio, la segunda parte de la trilogía altamente recomendable de Rosa Ribas.