Edades
¿Te acuerdas de cuando hablábamos seguido?
Con los microprocesadores no se mantienen conversaciones. Les dices lo que tienen que hacer y luego contemplas impotente el desastre cuando te interpretan al pie de la letra
David Brin, Marea Estelar
50 años, Pinocho. Y parece que fue ayer. Hoy es de los días en que me gustaría ser cristiano para creer que ardes eternamente en el infierno, atormentado por la gloria de tus víctimas. Pero no. Te moriste tranquilamente en tu cama; huiste cobardemente de la justicia, haciéndote pasar por un enfermo; nos humillaste a todos (¡una vez más!) levantándote de la silla de ruedas que te había proporcionado la injusticia británica.
En la ira, siempre se asesinaba – indiferente – se arrojaba a las vías del metro – simulando desvanecimientos – y luego – me reprochaba – mi impotencia y mi ardor – mis ojos – mi sexo – las noches contigo – el alcohol – siempre.