Archivos 2023-01-27

La fortuna me la fabrico yo

Un día, la Niña de Gibraltar le dijo que tuviese cuidado con la fortuna que, a juzgar por su mano, no le ayudaría mucho. Corto Maltés se echó a reír.

– No te preocupes, madre –le dijo–, la fortuna me la fabrico yo.

Cogió una navaja de barbero y allí, sobre la palma de la mano, donde hubiera debido encontrarse la línea de la fortuna, trazó un surco profundo y sangriento.


Estocástica

También hay un modelo que refleja el comportamiento de los incendios. Imagínese un bosque que tiene cien árboles por hectárea, distribuidos aleatoriamente. Si el fuego en este bosque empieza en algún lado se va a propagar. Sin embargo, si en lugar de tener cien árboles por hectárea tengo noventa y el fuego empieza en algún lado, va a quedar confinado en una región y el bosque se va a salvar. Lo curioso es que hay un valor exacto, que es 95 por hectárea, de tal modo que si hay 94, fuego confinado, si hay 96 por hectárea, el bosque se quema. Este es fenómeno es muy estudiado en física y también en probabilidades y se llama transición de fase. Un pequeño cambio cuantitativo del parámetro densidad produce un brutal cambio cualitativo del comportamiento global.

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Problema con moraleja

Dos pastores se encuentran a la hora de comer y deciden compartir su harina para hacer gachas. El pastor Aniceto aporta 200 g de harina y el pastor Bonifacio 300 g. Cuando están a punto de empezar aparece un tercer pastor, Clodoveo, que les propone darles 5 € a cambio de comer con ellos. ¿Cómo deben repartirse los 5 €?

La parroquia ya habrá sospechado que este problema ha aparecido antes en la extinta lista Snark.

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Mi puerta sigue sonando de madrugada

Te has ido sin avisar, aunque ya sabíamos que te ibas. Pero siempre nos quedaba la esperanza de que esa batalla que tanto luchaste la pudieras ganar al final. Te has ido y se nos ha quedado la cara de tonto que se nos queda siempre a la hora de despedir a alguien que no queremos despedir. Te has ido y tus amigos (nuestros amigos) no me han avisado, quizás acogotados por la tristeza o ahogados por el llanto o simplemente con el despiste que siempre nos caracterizó a ti y a mí. 

Hemos estado años sin vernos y ahora te echo de menos más que antes.

Mi puerta sigue sonando de madrugada y estás en el fondo de cada caña de manzanilla.  Te has ido y no tengo palabras. Ni siquiera tengo lágrimas. 


Magno glosario de la onomatopeya universal

Esta página (la más visitada de la versión anterior de mi bitácora), copiada de un proyecto ya desaparecido, me recuerda a aquellos tiempos en que la internet no estaba tomada por las empresas ni por la mensajería instantánea. En los que éramos -y disculpen la estúpida pedantería- más libres y más inteligentes aquí en el ciberespacio. Debo estar haciéndome ciberviejo. Pero eso le pasa a uno cuando hace arqueología de la red.

Y pensar que esta reflexión la hacía en 2005…

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