Minificciones matemáticas (VI)
No pongas límites a mis funciones. Aspiro a un entorno infinito.
Un verso oscuro, una palabra,
un sonido de amor universal completo,
amor que lleva hasta la muerte.
Palabras sobre héroes,
porque los poetas,
tratándose de un héroe,
tienen siempre la última palabra.
Y miedo el que nos trae
la remota posibililidad del hambre,
del rencor, de la prisión,
de la muerte miedo sí!
desde nuestro grito oscuro,
desde la concha del caracol,
las púas del erizo,
miedo desde mis versos y tú guitarra,
miedo porque pensamos.
Y después de pensar,
ser hombres significa,
desde ahora, ser guerrilleros de la libertad.
Y porque nos damos cuenta…. sí,
de qué no somos hombres,
sino sombras,
sombras que tienen la última palabra.
Carlos Portillo (a.k.a. el Profe) 1980
Dijiste: Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón – como un cadáver – sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí.
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.
Είπες· «Θα πάγω σ’ άλλη γη, θα πάγω σ’ άλλη θάλασσα.
Μια πόλις άλλη θα βρεθεί καλλίτερη από αυτή.
Κάθε προσπάθεια μου μια καταδίκη είναι γραφτή·
κ’ είν’ η καρδιά μου — σαν νεκρός — θαμένη.
Ο νους μου ως πότε μες στον μαρασμόν αυτόν θα μένει.
Όπου το μάτι μου γυρίσω, όπου κι αν δω
ερείπια μαύρα της ζωής μου βλέπω εδώ,
που τόσα χρόνια πέρασα και ρήμαξα και χάλασα.»
Καινούριους τόπους δεν θα βρεις, δεν θάβρεις άλλες θάλασσες.
Η πόλις θα σε ακολουθεί. Στους δρόμους θα γυρνάς
τους ίδιους. Και στες γειτονιές τες ίδιες θα γερνάς·
και μες στα ίδια σπίτια αυτά θ’ ασπρίζεις.
Πάντα στην πόλι αυτή θα φθάνεις. Για τα αλλού — μη ελπίζεις—
δεν έχει πλοίο για σε, δεν έχει οδό.
Έτσι που τη ζωή σου ρήμαξες εδώ
στην κώχη τούτη την μικρή, σ’ όλην την γη την χάλασες.

Desde el punto de vista de un gaditano, el Océano Pacífico es el fin del mundo. De allí parecen regresar estos señores enchaquetados, maletín en ristre, el paso acompasado.
Quizás son de un pequeño pueblo costero y llevan años trabajando en la megalópolis y querían volver a los orígenes. O a lo mejor sólo querían, como yo, sentir la brisa marina. O no tenían nada que hacer hasta la hora de la cena más que llenarse los zapatos de arena.
Es la foto que más me gusta de ese día. Es la imagen de una historia de la que nunca conoceremos el final, como en las novelas japonesas. Me da sentimiento de lejanía y de proximidad a la vez. Todos los mares son el mismo mar. Sólo hay un mundo. Me encanta estar aquí y me va a encantar volver con mis amigos y con la gente a la que quiero.
Δεν ελπίζω τίποτα.
Δε φοβάμαι τίποτα.
Είμαι λεύτερος
Epitafio de Nikos Kazantzakis (1883 – 1957) en Heraklion, Creta.
¿Y por qué no conocer bien a las amigas y los amigos y, con ellos, disfrutar el mundo mientras el enemigo se desgañita dando golpes contra el muro de la indiferencia?
Un buen consejo del Profesor Portillo
Parte de la eternidad que divide los dominios de la decepción de los del reino de la esperanza.
Ambrose Bierce (El Diccionario del Diablo)
Por fin hay luz y ya se ve, mas no fue por mor de Dios: es por un gran bang que lo que no fue, ya es.
La luz que es el Sol es de gas, y del gas de su piel se da el ser. Tras el ser, el gen, un pez, tú, yo y él.
Con la voz un ser se ve a él y ve que el que no es él, es vil. Es el bien y el mal. De tal quid se dan el clan y la ley, mas no hay rey que dé la paz.
Y ya es hoy. El tren, el chip, la red, y ya sé por qué hay luz y por qué se ve.
Bender, en la lista Snark.
Mi patria son las calles Brasil y Muñoz Arenillas, concluyó el melenudo mientras apuraba el porro.
Un tailandés preguntó en el grupo de USENET soc.culture.spain (en 1994): ¿Cómo es Sevilla? Intenté responderle y me salió una respuesta bastante inútil. La encontré de nuevo entre los ficheros del disco duro hoy. Y me sorprendió (¿o no? ¿acaso Sevilla no es eterna?) ver que sigue siendo igual de inútil, igual de válida. La escribí a vuelapluma, pensando en algún día hacerle correcciones, pero nunca tengo tiempo o ganas. Aquí os la dejo, tal cual.
Asumid que tiene varias décadas y hay cosas que han cambiado y otras, desgraciadamente, no.
Una sociedad sostenible sería aquella que intencionadamente limita el número de nacimientos y su consumo para mantenerse dentro de la capacidad de su territorio. No he oído hablar de ninguna que haya hecho eso.
Jay Hanson
Me llevo tu sonrisa y tu mirada. Ven esta noche a buscarlas.
del libro El matemático del rey, de Juan Carlos Arce.
![]()
y ahora, el texto de siempre:
¿Qué debo hacer?
Llevar contigo una toalla todo el día para mostrar tu participación.
¿Cuándo debo hacerlo?
El 25 de mayo.
¿Dónde?
En todas partes.
¿Por qué una toalla?
Porque lo dice en la Guía del Autoestopista Galáctico:
La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas:
Rey de los hunos, emperador del mundo. Desplazó a los bárbaros que ocuparon el imperio romano a mediados del siglo V. Por su culpa, anglos y sajones ocuparon Inglaterra, los suevos Galicia, los longobardos Italia y los godos España, Francia y Alemania. Sitió dos veces Constantinopla, tomándola una de ellas y arrasándola con las epidemias que traía consigo el ejército. Trajo la peste a Europa por primera vez. Cuando Honoria, una de las herederas del Imperio, le pidió ayuda, Atila le exigió como dote todo el Occidente. Al negarse aquella, el huno declaró que de todas formas, tomaría lo que era suyo. Godos y romanos se aliaron para contenerle en los Campos Cataláunicos. Cuando volvió a su palacio trasdanubiano a descansar y casarse con la bella Ildico, murió de una hemorragia nasal o de un ataque cardíaco. Sus guerreros se cortaron con sus espadas porque al azote de Dios no se le debe llorar con lágrimas, sino con sangre.
Tenía 47 años cuando murió. Como Nelson, Bolívar, Garland, Goebbels, Piaf o Pirro.
Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti
pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser
Ángel González
para quererte
tal como te quiero
del libro Palabra sobre Palabra, 1965 (Ángel González)
Ella era una estrella del rock and roll y yo,… bueno, yo era solamente su camello. ¿Qué otra cosa podía hacer? Toda la vida adorándola a distancia, entre risas, colocones y deudas. Por eso, cuando la discográfica decidió que sería beneficioso para su imagen que hiciera una cura de rehabilitación después del escándalo del Teatro Maestranza… ¿qué otra cosa podía hacer? La alejarían de mí, de mi mundo. Nunca más volvería a necesitarme. Nunca más volvería a sonreírme.
Organicé una fiesta de despedida, en la que no faltó de nada. Absolutamente de nada. De hecho, el speed llevaba algunas cosas más de la cuenta. Dime: ¿qué otra cosa podía hacer?