Día de los gitanos andaluces
No creo mucho en esto de los días de…. En cualquier caso, los buenos deseos nunca están de más
Lachí jachivar
(Espero que esté bien dicho)
No creo mucho en esto de los días de…. En cualquier caso, los buenos deseos nunca están de más
(Espero que esté bien dicho)
Sólo admitimos (en su momento) el pésame de los iniciados. Hoy lo recordamos.
6/1/1946 – 11/7/2006
Crecí escuchando a Nydia Caro cantar esta canción y me emociono siempre que la escucho. Al principio de mi matrimonio me enviaban flores sin razón y pensaba en esta canción. Pero el amor es como la llama de una vela que se va extinguiendo con el tiempo, qué pena tan grande. Cuánto me gustaría recibir un ramito clandestino de violetas y sus versos que siempre estaban llenos de amor y pasión. La gente cree que somos el matrimonio perfecto, pero es de puertas para afuera. Ya no hay complicidad en nuestras miradas, ya no terminamos las frases del otro. Qué cosas tan injustas son el tedio, la soledad y el vacío. ¿Dónde está mi ramito de violetas?
Visto en un comentario en un video de youtube que ya no está disponible
Mordor, ya viejo, miró a su hijo con ojos desconsolados. Pensó cuán distintos eran, a pesar del parecido. Y cómo su hijo había derrochado la fortuna que él había construido desde la cuna, desde la nada. El clon miró a su padre agonizante. Él tampoco lo entendía.
Cuento del mes de Noviembre de 2023
Ciertas mujeres no soportan mucho tiempo a los poetas,
los aman como ráfagas,
se encienden escolares, casi diría románticas;
en términos de caza puede afirmarse
que son presa fácil de las balas
porque las hipnotiza el reflector sobre los ojos
Paco aparca los coches.
Ramón el gitano, buen guitarrista flamenco, se pincha por las esquinas.
Joaquín, el niño la lata, con sus dedos destrozados, pide alguna moneda.
Antonia, bailaora estupenda, que comenzó haciendo polaroids y vendiendo claveles, acabó con una manta sucia encima en los inviernos.
La música dio color a mi vida. Quitó el frío de mis manos (y de tu alma). Me hizo soportar tu pérdida. Me hizo olvidar tu adiós. Me dio amigos. Y bares, y alcohol. Y sexo con turistas deseosas de una aventura. Me dio jazz y blues. Me dio años.

como dos golondrinas cansadas en mis hombros se posaron tus manos entonces creí por un momento que la música jamás acabaría pero estaba equivocado hizo frío y tus manos algo desengañadas casi llorosas emigraron
Con los microprocesadores no se mantienen conversaciones. Les dices lo que tienen que hacer y luego contemplas impotente el desastre cuando te interpretan al pie de la letra
David Brin, Marea Estelar
50 años, Pinocho. Y parece que fue ayer. Hoy es de los días en que me gustaría ser cristiano para creer que ardes eternamente en el infierno, atormentado por la gloria de tus víctimas. Pero no. Te moriste tranquilamente en tu cama; huiste cobardemente de la justicia, haciéndote pasar por un enfermo; nos humillaste a todos (¡una vez más!) levantándote de la silla de ruedas que te había proporcionado la injusticia británica.