Otoño (1976)
como dos golondrinas cansadas en mis hombros se posaron tus manos entonces creí por un momento que la música jamás acabaría pero estaba equivocado hizo frío y tus manos algo desengañadas casi llorosas emigraron
como dos golondrinas cansadas en mis hombros se posaron tus manos entonces creí por un momento que la música jamás acabaría pero estaba equivocado hizo frío y tus manos algo desengañadas casi llorosas emigraron
Te pedí que te quedaras y que hiciéramos el amor. Tenías prisa, como siempre. Cogiste el maletín de tu portátil y te fuiste a tu importante reunión con una sonrisa amarga en los labios.
Dormí un rato. Me levanté. Salí al balcón a fumar un cigarrillo. Un avión cruzaba el cielo, demasiado bajo, demasiado rápido. Deberías haberte quedado conmigo.
En esta fecha. Como todos los años, desde hace más de 50 ya, recito la máxima Fremen: Nunca perdonar, nunca olvidar.