Archivos 2024-02-14

Manual para ponentes de mesas redondas que no tienen ni idea del tema que se trata

  1. Empieza haciéndole la pelota al público. Sé original. Un estoy encantado de estar aquí está bien, pero no va bien dirigido. Es mucho mejor algo como son ustedes las personas que escogería para estar en una isla desierta, o similar.
  2. Desvía el tema. Recuerda que te han pillado por sorpresa, aceptaste por compromiso o no te dio tiempo a preparártelo bien. Pero seguro que hay algo parecido que sí te sabes. Úsalo. Si insistes lo suficiente, nadie se dará cuenta de que ese no era el tema original. Sugerencias:
    • No tenemos suficientes datos, hacen falta estudios más profundos. En cambio, sobre este otro problema hay una amplia bibliografía que debemos estudiar atentamente.
    • Hablar de este tema sería como organizar una mesa redonda sobre drogas sin drogadictos.
    • Mi compañero (ver punto siguiente) es un auténtico experto en (otro tema), pero no puede aplicarse su método a este caso.
  3. Traicionar al compañero. Método también conocido como robarle la cartera al amigo. Los ponentes suelen reunirse, a veces para comer, antes de la mesa redonda. Guarda tus cartas y roba la de los otros ponentes. Utiliza sus argumentos si tu turno es anterior al suyo. O prepara en silencio una respuesta contundente a su propuesta si tu turno es posterior. Lo dejarás descontrolado y desviarás la atención del público.

Este, hasta hoy imaginario, manual fue usado como hilo conductor de mi intervención en la Mesa Redonde de Padres Invisibles del Encuentro Andaluz de Blogs Educativos 2012 (EABE 12). Me ha encantado estar allí. Gracias de nuevo a esos fantásticos docentes por el trabajo que realizan.

Si quieres ver el video, en esta página. Es el último del EABE de Carmona.


Y sin embargo

una llamada de teléfono, los comentarios de la parroquia, cuatro días de descanso, el capítulo siete del Quijote, filósofos que comparten sus pensamientos por nada, un mirlo a las seis, un regalo semianónimo, una estrella fugaz, una tumba prehistórica, y me envenenan los besos que voy dando, un beso de una niña y unas palabras, los amigos, las amigas, sus ojos, lo que tú sabes y nadie más, un tango, una canción, un sueño, una esperanza, lo que tira más que las maromas, una conversación, la puesta de sol sobre el Castillo de San Sebastián, los amaneceres en Barqueta, la otra Sevilla, mi Cai, despertar a tu lado, saber que me quieres – y creerme que no lo sabe nadie más-, el recuerdo de haber dormido contigo, lo que no puedo contarte, lo que te cuento todos los días, la canción que nunca canté, la novela que nunca escribí, ese cuento que le escribí a otra pero salió perfecto para ti, las conexiones ortogonales, 18 vértices de un grafo, la fiesta de corpus del Gastor, algo de física cuántica, los Upanishads, más de cien motivos, se me olvidó que te olvidé… a mí que nada se me olvida, el sol de medianoche, un viaje en autobús, el cuerno de oro, Atenas de violetas coronada, Praga nevada, Venecia sin ti, nuestro hotel en el jardín del Lido, el balcón de Julieta, la espaguetería que había a cien metros del balcón de Julieta, Europa en autoestop, más cuento que Calleja, el óctuple camino, el arte de la guerra, el aikido, el kamasutra, cosas que supe alguna vez, Laponia, Escocia, Creta, la isla del Algarve, el faro del Rompido, la lluvia de estrellas, y sin embargo… de cuando en cuando,… merece la pena.

Y además: Γαλαχιδι, una habitación sin vistas, tu mano en mi mano, una pluma que me recuerda a ti, actrices de teatro, viejos roqueros, moteros de pueblo, comidas de diseño que están buenas, conversaciones a la puesta de sol, amigas que son madres, amigos nuevos, amigos que lo siguen siendo, los países que aún no vi pero iré, tu recuerdo, tu amor sempiterno y otras cosas que no debo contar.