En el vergel del Edén

embébese Esther del leve mecer del relente:
-Excelente, vegeté tres meses en el éter… ¡fetén!

De repente Pepe, ese mequetrefe que es el gerente de Mercedes Benz, se yergue de entre el verde césped, emergente el repelente pene.

Esther se estremece:
-Behj, ¡qué peste! ¿Qué pesebre es este?
-¿Es que repeles el gel?
-¿Crees que este pene es decente?

Enternécese Pepe:
-Es que dejé que el semen que eyecté se reseque. Pensé: «Que estrene Esther este presente». Te reservé merengue de trece meses. ¡Bebe, bebe!

-¿Beber? ¿Beber de ese enclenque esqueje? ¿Crees que me embelesé? ¡Que te den! ¡Qué cerdete eres! Que te enteres: mereces fenecer en el retrete, entre heces que defeque Peret. Enfermé de verte, ¡vete, vete! ¡Métete el pene en el bebes! ¡Entretente este semestre en extender ese repelente semen en el eje del Mercedes Benz!

-Esther…

-¡Que me dejes! Beberé té en el tenderete. Que te bese el membrete el bedel Es que, Esther… Pepe es el jefe. Pepe es el que te debe extender el cheque de este mes. Bebe, Esther.

Es menester que Esther cercene el pene de Pepe, ese pelele de jefe que cree que merece peerse en el vergel del Edén.

del poeta Juan Abarca, del grupo de Punk Rock Mamá Ladilla, vía la extinta lista de Snark